jueves, 6 de julio de 2017

La última cita


En todos los hoteles en los que me alojo, lo primero que hago al ocupar mi habitación es observar desde la ventana la ciudad que va a acogerme mientras dure mi estancia. Siempre pido una en el piso más alto. Me gusta contemplar las ciudades desde arriba. Me da una sensación de poder. 

Desde aquí la ciudad se ve distinta. Ha cambiado mucho. Como debe de haber cambiado ella. Hacía veinte años que no volvía. La última vez que pisé sus calles yo acababa de cumplir los treinta. Ella solo contaba con veintidós. Tan pronto como nos conocimos, surgió lo que llaman un flechazo. Por desgracia, nuestro idilio duró muy poco, el tiempo que permanecí en la ciudad, por un asunto que me llevó semanas resolver. Luego, mi trabajo y mis continuos viajes, con largas y frecuentes ausencias, hizo inviable nuestra relación. Nos escribíamos, nos llamábamos, pero el contacto se fue distanciando y languideciendo. Hasta que se interrumpió definitivamente cuando me comunicó que iba a casarse. No le amaba, pero debía hacerlo por el bien de la familia, me confesó. ¡Que en pleno siglo XX todavía hubiera matrimonios de conveniencia! Y ahí terminó todo lo exiguo pero intenso que hubo entre nosotros. Todavía guardo un muy grato recuerdo de aquellos días, pues no he podido olvidarlos. 

Y ahora, de vuelta a esta ciudad que nos presentó, también por un asunto de trabajo, no puedo dejar de pensar en ella. Todo me la recuerda. 

Como lo que me ha traído hasta aquí me retendrá muy poco tiempo, debo aprovecharlo al máximo. Por eso no he podido evitar buscarla. Necesitaba verla, aunque solo fueran unos minutos. Saber de ella, cómo ha sido su vida durante estas dos últimas décadas. Mi fuente de información me ha facilitado su dirección y número de teléfono. La he llamado. Su alegría al oírme ha parecido sincera. Hoy no tenía ningún compromiso y su marido está en viaje de negocios. Parece una señal, un buen augurio.

Mi informador también me ha dicho quién es su marido y a qué se dedica. Al parecer está forrado y es un elemento de cuidado, un hombre de negocios sin escrúpulos. No me extrañaría que tuviera una amante. Ya se sabe, el típico matrimonio de conveniencia para fortalecer alianzas familiares. Como en la mafia. Quizá siga sin amarle. Quién sabe si todavía hay un hueco en su vida que yo pueda ocupar. Esta noche lo descubriré. Si no hay motivo para la esperanza, esta será nuestra primera y última cita.

Iremos a cenar y recordaremos los buenos tiempos. Nos pondremos al día. Espero que no me pregunte el motivo de mi visita a la ciudad. No quiero mentirle de nuevo, como hice entonces. En tal caso, solo le diré que trabajo como freelance. Siempre suena mejor que autónomo.

Esta vez mi estancia será mucho más breve. No parece que el trabajo vaya a ocuparme más de dos días. Luego deberé marcharme, pues otro encargo me espera en otro lugar. 

*****

Todavía siente algo por mí. La cena fue como esperaba, inolvidable. Estaba espléndida, radiante. La madurez le ha dotado de unas facciones todavía más atractivas que en su adolescencia. Hacía tiempo que no me sentía tan a gusto, como si el tiempo se hubiera detenido veinte años atrás. Me contó cómo ha sido su vida durante estos años. Tal como sospechaba, es sumamente infeliz. Desea divorciarse, pero hay muchos impedimentos económicos y financieros que resolver. Propiedades compartidas, intereses familiares en común, mucho dinero de por medio a repartir. Su marido se lo pondrá muy difícil. 

Una vez concluya los trabajos para los que me he comprometido, volveré para quedarme. Quiero estar cerca de ella. Quizá necesite mi ayuda. Haré lo que sea necesario para estar a su lado. Está decidido.

No puedo dejar mi trabajo. Soy el mejor profesional del sector, el más buscado y el mejor pagado. Tengo muchas ofertas y nunca he fallado a mis clientes. Tengo una reputación que mantener. Pero puedo cambiar mi centro de operaciones. Al fin y al cabo, mis actividades no requieren una oficina. Lo que hago es como un teletrabajo. Podría establecerme aquí e iniciar juntos una nueva vida.

De momento no le diré nada de mis planes. Cuando salga de la ducha la tantearé.

Llaman a la puerta. 

Era el servicio de habitaciones. Pero, junto al copioso desayuno que he encargado, para reponer fuerzas después de una intensa noche de pasión, el camarero me ha hecho entrega de un sobre que alguien ha dejado en recepción a mi nombre. Deben ser las instrucciones que estoy esperando. 

Pero antes está el placer que el trabajo. Ya abriré el sobre cuando hayamos disfrutado del desayuno y ella se haya marchado. No quiero preguntas indiscretas.  

*****

Nunca había estado tan nervioso a la hora de conocer la identidad de mis víctimas, gente anónima cuya existencia me la trae al pairo. Solo un nombre y una dirección. Su vida a cambio de un buen puñado de dinero. 

Esta vez, sin embargo, me siento inquieto, como si temiera que algo fuera a torcerse. Serán las prisas por liquidar los asuntos que me esperan y volver a los brazos de mi amada.

*****

Mis ojos no dan crédito a lo que ven. El nombre, por sí solo, podría llevar a un equívoco. Supongo que habrá muchas mujeres en esta ciudad con el mismo nombre, pero la dirección no da lugar a dudas. Es la que me dio mi contacto. Adivino quién está detrás de este encargo, quién quiere deshacerse de ella. Por eso se ha ausentado de la ciudad en viaje de negocios.

Pero soy todo un profesional y nadie ni nada puede interponerse en mi trabajo y en mi prestigio. Muy a mí pesar, la próxima será mi última cita con ella.


29 comentarios:

  1. Genial Josep, en esta ocasión si que no me esperaba que el trabajo del protagonista fuera un asesino a sueldo, y encima un encargo tan sorprendente.
    Me ha gustado mucho, un placer la lectura.
    Un abrazo.

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    1. De ahí que no quisiera revelarle a ella a qué se dedicaba, jeje. Un trabajito aquí, uno allá, y un amor en cada puerto.
      Me alegra haberte sorprendido y que te haya gustado a pesar del final.
      Un abrazo, Elda.

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  2. Algo me imaginaba sobre su trabajo. Pero me ha sorprendido completamente el final. No esperaba tanta entrega ni el último encargo que le habían hecho. Yo soy él y lo mando todo a freír espárragos, me la llevo y a vivir que son dos días. Jubilación anticipada.
    Un besillo.

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    1. Los asesinos a sueldo son gente de sangre caliente y mente fría. El trabajo es el trabajo y este, en concreto, tiene muy claro que no hay que mezclar el placer con el curro. Lo primero es lo primero. Ya dice el refrán popular (y vulgar): "donde tengas la olla no metas la po...." (con perdón), jeje
      Un beso.

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  3. ¡Me has pillado con todo el equipo! Incluso cuando se ha desvelado su profesión he pensado que iba a matar al marido pero... zas! Un estupendo relato, Josep, con aroma a historia de revista Pulp, de esas que se gozan por el puro placer de la evasión y el suspense. Fantástico. Un abrazo!

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    1. Jajaja. De hecho es el marido quien quiere deshacerse de ella para evitar que, con el divorcio, su querida mujer se quede con su parte de la gran pasta acumulada con esos negocios familiares que tanto dinero les han dado.
      Y por ello se marcha de viaje mientras "su hombre" hace el trabajo sucio y él se monta una magnífica coartada.
      Muchas gracias, David, por tu comentario.
      Un abrazo.

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  4. No me extraña que tuviera tanto prestigio en su "profesión".
    Excelente relato.
    Un abrazo.

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    1. Hombre serio y formal donde los haya. Siempre cumple con el contrato y nunca se echa para atrás una vez dada su palabra. Un hombre de honor, vaya, jeje
      Muchas gracias, Macondo, por pasarte y comentar.
      Un abrazo.

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  5. Jo tiene que ser precisamente ese su último encargo? menudo final,aún no siendo mucho de mi agrado el final, la verdad es un muy buen relato. Un abrazo. TERE.

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    1. Dependiendo de un asesino en serie, y de natural despiadado, el final no podía ser feliz. Tenía su corazoncito para enamorarse pero este se volvía de piedra de la noche a la mañana con tan solo recibir un encargo de los suyos.
      De todos modos, me alegro que a pesar del final trágico, el relato te haya gustado.
      Un abrazo, Tere.

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  6. Qué malas -horribles- son las coincidencias de la vida para algunos.

    Un relato de impacto, Josep. Muy bueno.

    Saludos y saludes.

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    1. A veces las desgracias van ligadas como si formaran parte de un paquete.
      Gracias, Julio David, por tu comentario.
      Un abrazo.

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  7. Ayyyy eso sí que es ser cumplidor.
    Me ha encantado, un final realmente sorprendente.
    Un abrazo.

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    1. Ese hombre se comportaba como un autómata. Los asesinatos formaban parte de su vida desde hacía ya muchos años y no se cambia de la noche a la mañana. Prefirió sacrificar su futuro junto a la mujer que podía llenar su vida sentimental y amorosa por que renunciar a su "prestigio" profesional.
      Un abrazo.

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  8. Desde luego el tipo era un profesional de tomo y lomo, su compromiso laboral pudo más que sus sentimientos, aunque no sé yo si de sentimientos puede hablar mucho este hombre.
    Además ese doble rasero que utiliza... Ella se casó por el interés pero él antepuso su 'nómina' a lo que quiera que sintiera por ella.
    En fin, que me has dejado alelada una vez más.
    Un abrazo.
    P.D. Yo hice un comentario a esta publicación hace un par de días, pero no aparece. Me ha pasado con otros blogs, creo que es cuando comento por el móvil. Los informáticos y sus chismes me empiezan a hartar.

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    1. No he conocido a ningún asesino a sueldo, salvo en las películas, pero me los imagino así. Lo primero es la obligación, el cumplimiento debido. Me los imagino como los oficiales nazis, que en la intimidad familiar eran unos grandes amantes de su esposa e hijos, pero no les temblaba el pulso a la hora de segar vidas de inocentes. En este caso, sin embargo, tuvo que ejecutar a la persona a que, supuestamente, amaba.
      Un abrazo.
      P.D. Lo que yo siempre digo: el misterio de la dichosa informática, jeje

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  9. ¡Guau qué final! Fíjate que yo pensaba que era un psicópata y no un sicario, y que la iba a matar pero por pura malicia, por haberse casado con otra hombre. Y al final la tiene que matar pero por trabajo... de su marido.
    Excelente, me ha encantado Josep, el suspense del relato me ha tenido pegada a la pantalla.
    Un fuerte abrazo.

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    1. En lugar de "trabajo" quería decir "encargo", jeje

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    2. No sé hasta qué punto un asesino a sueldo, sin escrúpulos ni conciencia, no tiene algo de psicópata. Y más en este caso, que ante un encargo de tal envergadura no duda en ejecutar lo que considera su obligación para con su cliente.
      Muchas gracias, Ziortza, por tu comentario.
      Un fuerte abrazo.

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  10. Creo que las musas se nos han puesto de acuerdo Josep. He escrito algo parecido para un concurso que publiqué hace poco en el blog.
    Como trabajan las letras, por ello según leía me iba imaginando el final, y no por ello me ha resultado una lectura inquietante. Dedicarse a ciertos oficios es algo que te puede dar sorpresas inesperadas.
    Un abrazo.

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  11. Será, amigo Francisco, que las ideas originales van escaseando y, efectivamente, las musas las comparten, jajaja.
    Quien se dedica a matar por dinero, valora este último por encima de cualquier otra consideración. Y que conste que no hablo por experiencia propia, es solo una conjetura, jeje
    Me alegro que, a pesar de tu intuición de buen lector y sabueso, la lectura te haya resultado inquietante.
    Un abrazo.

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  12. ¡Ups! Qué final Josep Maria, bueno qué decir... nadie le puede negar a este 'buen' hombre que es muy responsable y profesional con su trabajo, con lo que cuesta demostrar al mundo la profesionalidad, no va a venir ahora el amor y estropearlo todo, jeje
    Muy bueno, :)
    Un abrazo.

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    1. Pues sí, Irene, hay quien antepone el trabajo al placer o la obligación a la devoción, que viene a ser lo mismo, jaja.
      Muchas gracias por tu visita y por dejar tu comentario.
      Un abrazo.

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  13. ¡Para nada me esperaba ese final! Cuando se ha descubierto a que se dedicaba, he pensado que el mensaje era para matar al marido, pero a pesar de lo que siente por ella, está decidido a acometer su encargo, ¡¡Que horror!!. Nos traes unos relatos muy buenos Josep.

    Un abrazo.

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    1. Hay pistas que pueden llegar a desorientar más que descubrir el meollo de un asunto, jeje. En todo caso, me alegra haber causado ese malentendido, pues de ese modo la intriga sigue hasta el final.
      Muchas gracias, Conchi por pasarte y comentar.
      Un abrazo.

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  14. Sorprendente e inesperado final, Josep. Por cierto, ¿no tendrás a mano el teléfono del prota, verdad? Es que necesito encargarle un "trabajillo" relativo a cierto blog que no deja de hacerme la puñeta. 😉. Un abrazo.

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    1. Hola amigo Pedro!
      Bien hallado y bienvenido a esta tu casa, aunque de vez en cuando se cuele un asesino, un Bacá diabólico y cosas así.
      Pues la verdad es que le he perdido la pista al prota. Después de cumplir con su "obligación" puso pies en polvorosa. Y si te he visto, no me acuerdo, jajaja
      Un abrazo.

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  15. Hay casualidades que desbaratan los planes. Con su decisión no sólo demuestra que es profesional, sino también los pocos escrúpulos que tiene. A eso le llamo yo aprovechar un viaje. Muy bueno, Josep.
    Abrazo!!!

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    1. Ciertamente, el hombre propone y el destino dispone (adaptación libre de la famosa máxima). Y, efectivamente, el asesino a sueldo sabe distinguir muy bien el placer y el trabajo y es de esos que antepone lo último a lo primero. En lo laboral es frío como el hielo y fiable como un robot, jeje.
      Muchas gracias, Mª Jesús, por pasarte y comentar.
      Un abrazo.

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